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25 feb 2017

Almendros en flor


Hay una flor impaciente. Tímida aun, pero valiente. Atrevida, aunque lo duden. Ha salido. Floración precoz, pre-foliar incluso. Se adelanta a las hojas. Asoma la primera-primavera. Parece frágil, no resistirá una helada tardía. Pobre ilusa. Quién la va a cobijar. Pensamos. El Sol ha debido engañarla, y la primera brisa la hará caer. Tan bonita, y desprotegida, cayó rendida entre los rayos de luz. No pudo resistirse. Se sonroja cuando la miran, y deja mostrar su tono más rosado. Inocente, provoca sonrisas. No durará. En su delicadeza, la admiran. Es única. Pero a distancia, sin dar la mano a la confianza. Pues vendrá la primavera, con mil colores, más brillantes. Mejor estación y apuestas seguras. Entonces el viento llega, y lo único que tira por el suelo son las palabras bonitas. No estaban ancladas. La flor sí. Y permanece. Sorpresa para algunos, los que confundían la compasión con lástima. Y se equivocaron, porque miraron al revés. Las hojas no son  condición necesaria, aunque sí suficiente para no creer. Y en realidad es el Sol quien se cautiva. La flor es fuerte. Más de lo que piensan. Y sabe cuándo anunciar el cambio de estación. 


"Quién dijo que no es flor de primavera. Es la primera en verla." 💮 

18 ene 2017

Juego de dos, uno en juego.

Él madruga, igual que el frío en enero. Lleva las decisiones de hoy a la espalda, que brillan con el reflejo del sol. Los pies se hunden porque el terreno está mojado. Pero es suelo conocido, y las botas son confiadas.
Ella también ha madrugado. Pero, aún en la cama, sigue escondida. El camuflaje es su aliado, hasta cierto punto. No se mueve, no quiere miradas ni atención. Y pasa desapercibida. No para todo el mundo. Él ha puesto la mira en ella.
Avanza, despacio, para intentar no levantarla. Sus mejores recursos caminan con él, a su lado, obedientes. Y la certeza de que será un buen día sobrevuela el cielo. Sin saber bien cómo, sin querer-evitarlo, han entrado en juego. 
Ella cree jugar por encima. Se arriesga. En el fondo, está asustada. Espera, aguarda, hasta el último segundo. Sabe que él ha contenido la respiración, lo siente cerca. Un escalofrío le advierte, erizándole la piel, y el pulso se acelera.
Él también lo nota. El tiempo parece haberse parado.
Se siente desprotegida. La han pillado donde más segura creía estar, en terreno llano. Pero ya-no. Aun así, no deja verse insegura. Todavía juega en casa. Y la partida no ha hecho más que empezar.
Él la ve salir corriendo. Esperaba, y ha sido inesperado. Tan rápida, elegante y ágil. Vuelve a jugar con ventaja, pero él tampoco se rinde. Su instinto empieza la carrera.
Durante un momento, juegan a esquivarse. A ella se le da bien, siempre lo hace. Todo es muy rápido. Las emociones van de un lado a otro, haciendo quiebros. Tropezándose. Él persiste. A ella le gustaría.
Una carrera que dura segundos. Parece, sin embargo, que de nuevo el tiempo se ha detenido. La respiración se ha vuelto a contener. No hay sonido más que el bombeo de dos corazones agitados. Hasta que se oye el primer jadeo. 
Ella está cansada. Pero sigue corriendo, no quiere que la atrape.
Él sabe que le pisa los talones, la huele, ve a su instinto ganar terreno y casi la saborea. Nota el final. Último esprín.
Ella está desubicada. Expuesta. Palos de ciego, corriendo sin ver salida. Ya ha jugado su mejor ficha, y ha perdido. Él la ha cazado.
La luz se apaga. Ya solo bombea un corazón, cansado.
Él se agacha, la coge en brazos, y el sol hace un guiño. El tiempo fluye, y la respiración vuelve a su cauce. 















http://www.theflagrants.com/blog/wp-content/uploads/2010/12/galgos-en-la-caza-de-la-liebre.jpg

8 nov 2016

Cold November

La nostalgia del calor cae con las últimas hojas que, perezosas, no quieren aceptar todavía el cambio de estación. Resignadas se dejan vencer por el viento, ése que hiela el corazón. Recuerdos amontonados, barridos por la esperanza de una nueva primavera. Los días tristes se estrenan y la música no parece la misma. Silencio, viene bien, pero no demasiado. Apetecen sonrisas cálidas, que guardan resquicios del ayer.

Un otoño para acostumbrarse y aun así, me sigue costando asimilar que los días fríos también pueden ser soleados.