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29 abr 2017

A pesar de nada

Presumimos de saber bien lo que queremos. Sin embargo, no solemos ser expertos en definir. Ni describir. Límites, situaciones, estados. A veces, simplemente, no queremos. O pensamos que no nos interesa. Otras nos equivocamos de sentido.
Puede que todo no esté claro. Puede que nada. Pero siempre algo se asienta sobre arena. Si no se define. Digo que es imposible no tener debilidades. Sin embargo, saber qué  y dónde nos hace menos vulnerables. O por lo menos debería. Así que juguemos con ello. Sin ser niños, viendo el peligro, porque la inocencia se nos queda corta.

Yo presumía de saber lo que quería. Sin vacilación, ni debilidad. Lo pensaba de veras y me quemé al final. Al igual que la luciérnaga. Sé que fijo la mirada, y pongo noche de por medio. Las luces me atraen, pierdo la noción del tiempo y no mido las distancias. Un alcázar brilló. Otra catedral me sedujo. Lo sé. Me gustan las luces. Ahora lo admito. Las estrellas las que más. Porque da igual cuál sea la ciudad, nunca fallan. Al final siempre vuelvo la vista a ellas. A pesar de todo. Y aunque no pase nada. 


"Ninguna estrella está sola, 
ni deja de brillar"
- sois mis estrellas favoritas.

18 ene 2017

Juego de dos, uno en juego.

Él madruga, igual que el frío en enero. Lleva las decisiones de hoy a la espalda, que brillan con el reflejo del sol. Los pies se hunden porque el terreno está mojado. Pero es suelo conocido, y las botas son confiadas.
Ella también ha madrugado. Pero, aún en la cama, sigue escondida. El camuflaje es su aliado, hasta cierto punto. No se mueve, no quiere miradas ni atención. Y pasa desapercibida. No para todo el mundo. Él ha puesto la mira en ella.
Avanza, despacio, para intentar no levantarla. Sus mejores recursos caminan con él, a su lado, obedientes. Y la certeza de que será un buen día sobrevuela el cielo. Sin saber bien cómo, sin querer-evitarlo, han entrado en juego. 
Ella cree jugar por encima. Se arriesga. En el fondo, está asustada. Espera, aguarda, hasta el último segundo. Sabe que él ha contenido la respiración, lo siente cerca. Un escalofrío le advierte, erizándole la piel, y el pulso se acelera.
Él también lo nota. El tiempo parece haberse parado.
Se siente desprotegida. La han pillado donde más segura creía estar, en terreno llano. Pero ya-no. Aun así, no deja verse insegura. Todavía juega en casa. Y la partida no ha hecho más que empezar.
Él la ve salir corriendo. Esperaba, y ha sido inesperado. Tan rápida, elegante y ágil. Vuelve a jugar con ventaja, pero él tampoco se rinde. Su instinto empieza la carrera.
Durante un momento, juegan a esquivarse. A ella se le da bien, siempre lo hace. Todo es muy rápido. Las emociones van de un lado a otro, haciendo quiebros. Tropezándose. Él persiste. A ella le gustaría.
Una carrera que dura segundos. Parece, sin embargo, que de nuevo el tiempo se ha detenido. La respiración se ha vuelto a contener. No hay sonido más que el bombeo de dos corazones agitados. Hasta que se oye el primer jadeo. 
Ella está cansada. Pero sigue corriendo, no quiere que la atrape.
Él sabe que le pisa los talones, la huele, ve a su instinto ganar terreno y casi la saborea. Nota el final. Último esprín.
Ella está desubicada. Expuesta. Palos de ciego, corriendo sin ver salida. Ya ha jugado su mejor ficha, y ha perdido. Él la ha cazado.
La luz se apaga. Ya solo bombea un corazón, cansado.
Él se agacha, la coge en brazos, y el sol hace un guiño. El tiempo fluye, y la respiración vuelve a su cauce. 















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